miércoles, 25 de mayo de 2016

EN LA SOLEDAD DE LA NOCHE

     En la soledad de la noche, las historias de amor se suceden vertiginosamente, las cuartillas escritas en la madrugada se va llenando de versos estúpidos, palabras furiosas que mueren de melancolía. No pueden soportar tanta ingratitud, no entienden por qué el destino es tan cruel. Los sueños dejaron, hace tiempo, de tener sentido. Hay que vivir el día a día, las ilusiones huyeron con los niños de nuestro ayer, el horizonte parece alejarse y a los sentimientos les cuesta más arrojarse al abismo, tienen miedo de hacer el ridículo. La soledad es tajante y cruel, muy cruel.

miércoles, 18 de mayo de 2016

ME SIENTO MORIR LENTAMENTE

     Desde hace mucho tiempo, una verdadera eternidad, me siento morir lentamente. La cruel enfermedad no pudo vencerme, aunque me pego un susto terrible y tuve miedo, pánico, pero qué podía hacer, me había tocado y no podía contradecir las normas estrictas del destino, no podía escapar de sus redes. Me había tocado a mí y tenía que aceptarlo no me quedaba otra. Aquella palabra maldita, cáncer, entró, de golpe, en mi vocabulario. 

     Tampoco la soledad era la causante de aquella lenta agonía, cada vez, más inaguantable, en muchas ocasiones, muy dolorosa, amarga. Aquella compañera, tenía parte de culpa, aunque no era la única. Durante años nos habíamos soportado y habíamos aprendido a compartir las emociones de la vida. Yo aceptaba sus desplantes, ella soportaba mis miedos, no tenía en cuenta mis insultos continuos, las ofensas injustificadas que le arrojaba constantemente tratando de encontrar las razones de aquel vacío del alma.

jueves, 5 de mayo de 2016

MIRADAS QUE SE CRUZAN

     Miradas que se cruzan sin verse, van hacia un destino incierto. Por las calles los relojes, impertinentes, arrojan todo su odio corrompido sobre las espaldas de los hombres, cansados de tantas injusticias y, temerosos, de lo que pueda ocurrir a la vuelta de la esquina. Tienen miedo de encontrarse una bolsa o una maleta solitaria. Todos se apartan, tratan de rodearla, nadie se atreve a ver su contenido. 

     Los relojes vomitan su mala leche sobre aquellos seres que desaparecen por caminos invisibles, cada cual sigue los mismos pasos del día anterior, las huellas de los días anteriores, durante tantos años de sumisión, siempre soportando aquel carácter, cada vez más agrio. Son unos miserables, sus palabras humillantes impiden a los hombres contemplar las pequeñas cosas de la vida.