jueves, 31 de marzo de 2016

YA ERA DEMASIADO TARDE

     Palabras, sólo palabras. Esperanzas e ilusiones que se desesperan al contemplar un horizonte que lentamente se diluye en los brazos de un atardecer. Los versos, cargados de buenas intenciones, buscan el poema, su verdadero poema, pero no encuentran la manera de escapar de las garras crueles del silencio. Gritan! Necesitan alcanzar su propia voz, desean unir los espejos deformes de su existencia e irse, poco a poco, y vestirse de poema. Más las egoístas palabras no quieren lanzarse al abismo blanco, temen perder su fortaleza, les asustan la luz cegadora del horizonte. Éste, desesperado por tanto rencor absurdo, huye hacia un olvido lejano, una ausencia, un suspiro.

sábado, 19 de marzo de 2016

MI ÚLTIMO VIDEO

Acabo se subir a youtube y a este blog mi último video SANCHO AGUARDA A SU SEÑOR, micro relato que complementa  a DON QUIJOTE CABALGA DE NUEVO, mi humilde homenaje a esta gran novela en el 4º Centenario de su publicación. Yo animo a todo el mundo a disfrutar con las andanzas de Don Quijote y su leal escudero Sancho Panza, ambos micro relatos están en este blog

viernes, 4 de marzo de 2016

SANCHO PANZA AGUARDA A SU SEÑOR

     Desde un bar, cercano a la posada de su señor, Sancho vigila los caminos, está fascinado por la cantidad de personas tan extrañas que circulan vertiginosamente por las calles. Damas y caballeros de distintas condición con llamativas indumentarias, sus aspectos provocan repentinas carcajadas que se ahogan en el silencio. Le llama la atención, sobre todo, que van pendientes de pequeñas máquinas que parecen absorberles el seso, algunos van hablando solos con la vista perdida en el infinito.

     Su señor partió una mañana gris por sendas misteriosas tras las huellas de los magos, tampoco entendía ni el lenguaje ni la actitud caótica de los hombres, huyó en busca de aventuras luminosas de viejos molinos que le podrían ocultar tras la cortina nebulosa del tiempo, donde en cualquier esquina, tal vez, encontraría su amada Dulcinea aguardándole, impaciente, para compartir con él las últimas melancolías de su ayer lejano. Sancho observa todos los rostros, espera escuchar la enérgica voz de su señor y los alegres relinchos de su caballo.